Demografía zombi (Icaria Editorial, 2018), libro de Andreu Domingo, nos ha llamado la atención porque analiza los subproductos del cine y de la televisión de las últimas décadas no como forma de entretenimiento sino como instrumentos ideologizados para el gran público acrítico que los consume.
Además, nos ha sorprendido porque viene a decir cosas, incluso a explicar mejor ciertos asuntos que hemos apuntado en otros artículos de este blog. Andreu Domingo es doctor en Sociología y entre su obra última está haber sido editor de Demografía y posverdad (Icaria, 2018).
El análisis de la metáfora zombi permite a Andreu Domingo la autopsia de la utopía del neoliberalismo para entender la distopía en la que se ha convertido, que apunta a un desplazamiento hacia la "política de la muerte", que tanto se predica, por otra parte, en las camisetas, chaquetas y demás parafernalia de vestimenta actual, especialmente de jóvenes. Esa política es un "dejar morir" que implica la redefinición del concepto vida, cuando la oligarquía se asegura su "planeta B" para sobrevivir a los desastres que ella misma ha provocado y el poder se plantea la atroz pregunta de ¿a quién se debe salvar?
Hasta los niños reciben por desgracia toda esta ideología de zombies por televisión en Disney Channel y en Neox (la serie I-Zombie); lo peor es que los padres ni se enteran del veneno que les meten a sus hijos.
icariaeditorial
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martes, 19 de marzo de 2019
miércoles, 27 de junio de 2018
DAS EXPERIMENT
Esta durísima película dirigida por el alemán Oliver Hirschbiegel en 2001 y protagonizada por Moritz Bleibtreu presenta los hechos reales sucedidos en Palo Alto, en Estados Unidos, durante un experimento humano: el de la prisión de Stanford.
Se muestran situaciones tremendas y la convulsión de unas personas al límite. El eje del experimento y de la acción fílmica estriba en la confusión entre realidad y ficción, en la manipulación de mecanismos sensoriales y emocionales del hombre, que conducen a una progresiva enajenación y alienación en sus pautas de comportamiento. Todo esto nos resulta familiar por todo lo comentado en este blog sobre las sectas, sobre los medios de entretenimiento (incluso concursos televisivos) y de comunicación manipulados, sobre las técnicas de entrenamiento masivo para directivos y empleados de grandes y medianas empresas y sobre el comportamiento sectario de las redes sociales como Facebook.
Unos científicos del gobierno de Estados Unidos seleccionan a 20 hombres con salud y trabajo normales, que pasan a convivir en una cárcel ficticia durante 14 días a cambio de dinero. Al menos, se les advierte de fuertes e incluso extremas presiones psicológicas. Se les niega la privacidad y los derechos civiles, pero también se les promete que no sufrirán daño físico alguno.
Ocho de ellos, elegidos por sorteo, llevan a cabo el papel de guardianes; los otros 12 deben aceptar su condición de presidiarios. Lo que comienza como un juego con reglas básicas se convertirá en una caótica pérdida de la noción colectiva de la realidad. A este desastre apunta este experimento de Stanford sobre la convivencia y la supervivencia de una colectividad carente de libertad.
Los personajes, nombrados incluso por números, confunden lo que son y lo que parecen ser. Estos alienados roles de comportamiento se expanden a la necesidad de encontrar en el otro la carencia personal. En menos de 36 horas, de conejillos de Indias pasan a ser quienes no son.
En el extremo de la negatividad y el poder coercitivo aparece el neonazi Berus, y por el lado rebelde frente a la autoridad totalitaria, el prisionero 77, Tarek Fahd, en un duelo de fuerzas. La aparición de dos líderes en el manso redil crea una bipolarización extrema. Guiados por impulsos primarios, no habrá marcha atrás ante el caos, la ruptura y la violencia para alcanzar los objetivos.
Las actitudes extremas de los personajes promueven la reflexión: las actuaciones que humillan a otros y los actos infrahumanos de tortura por desgracia se asumen bajo el autoengaño por quienes los llevan a cabo y por el grupo que los tolera sin levantar ninguna objeción.
En la reflexión se puede apuntar más hondo, primero al asesino innato que cada humano lleva dentro en su psiquis animal; en segundo lugar, que los seres humanos ven y perciben barbaries y vejaciones complacientemente sin hacer nada para remediarlas.
El experimento de Stanford no es más que la continuación de los experimentos de los médicos y psiquiatras de la Alemania nazi y de la Inglaterra del Instituto Tavistock. Ya se encargaron las naciones aliadas, con ayuda de las oligarquías del capitalismo, de la política y la milicia y de los grandes monopolios, de salvar a médicos y psiquiatras de la Alemania nazi para sacar partido de los resultados de sus experimentos y desarrollarlos para el control de las mentalidades y de los grupos sociales, étnicos y nacionales en lo que se llama “ingeniería social” a escala mundial.
https://hipertextual.com/juno/fraude-experimento-prision-stanford
https://zarauste.blogspot.com/2017/06/comportamiento-sectario-de-redes.html
viernes, 27 de noviembre de 2015
LA SECTA DE LOS PERIODISTAS
Sabemos que una de las características de los grupos sectarios, como algunos grupos de yoga, gnósticos y Nueva Acrópolis, es que los miembros de jerarquía superior no dan a conocer toda la doctrina ni todos los ejercicios a los miembros de jerarquía inferior. Así los de jerarquía superior sienten "que dominan" a los que no saben, a los que están aprendiendo, a los profanos. Van dosificando las lecciones, les ponen precios costosos a las mismas, o hacen que las condiciones físicas o morales de las lecciones y de los ejercicios sean duras, deprimentes, adversas.
Lo mismo se puede decir de los periodistas. Las élites de los medios de comunicación de Estados Unidos (de donde viene gran parte de las "noticias" de nuestros informativos) practican una brutal censura, aunque bien disimulada, con las informaciones, censura típica de los tiempos de guerra, aunque actualmente ya se reconocen abiertamente los mecanismos de dicho control.
John Chancellor, presentador del informativo de la NBC-TV durante mucho tiempo, escribió su autobiografía y cómo es la vida en un plató de informativos (The News Bussiness, 1995) y admitió que, a través de estructuras formales como la Associated Press y de clubs informales como el neoyorquino Council on Foreign Relations, todos los días se toman decisiones acerca de lo que se va a decir al pueblo americano (y al resto del mundo) y de las historias que nunca verán la luz.
Es revelador el documental The war you don't see (2010), de John Pilger, donde se muestra claramente que hay periodistas que trabajan como 'embeded media', esto es, dentro de los movimientos de las tropas estadounidenses en las guerras como las de Irak y Siria, y actúan como portavoces obedientes (y luego premiados) de los poderes político-militares e industriales.
En el documental aparecen también periodistas algo arrepentidos de su parcialidad y periodistas críticos e independientes, como Mark Manning, que fue voz de las víctimas de Irak; Mark Curtis, autor de Secret Affairs; Carne Ross y otros, como los de los informativos de Al Jazeera.
La mayoría de los estadounidenses y de los europeos está convencida de que existe algo llamado "prensa libre", una de las áreas clave para manipular la mente de la población. La mayoría de los estadounidenses y de los europeos se informa de lo que ocurre en el mundo a través de la televisión controlada por el Estado, con la idea errónea de que los reporteros tienen la misión de servir al público. De hecho, los reporteros no sirven a la sociedad, sino que son funcionarios asalariados (incluso premiados) por servir a los propietarios de los medios de comunicación, cuyas acciones cotizan en Wall Street.
En su libro La tiranía de la comunicación (Madrid, 1998), el autor Ignacio Ramonet habla de la "ideología del telediario" (el telediario "manipula más fácilmente a los que menos defensa cultural tienen"), de los "mitos y desvaríos de los media", de la "batalla Norte-Sur en la información", de "la era de la sospecha" (la sospecha de los ciudadanos de que el sistema de las informaciones no es fiable, que tiene fallos, que da pruebas de incompetencia y que puede presentar enormes mentiras como verdades).
En el capítulo "Mitos y desvaríos de los media" afirma:
"Ni el Reino Unido cuando la reconquista de las Malvinas en 1982, ni Estados Unidos cuando la ocupación de Granada en 1983, ni Francia en el Chad en 1988, ni Estados Unidos durante la invasión de Panamá en 1989, dejaron a los periodistas seguir los acontecimientos." En el conflicto del Golfo Pérsico esas prácticas de censura se convirtieron en reglas explícitas de prohibición por parte del ejército francés y del Pentágono. Los periodistas norteamericanos, sometidos a normas impuestas, casi tan severas como las francesas, denunciaron a su gobierno y declararon: "estas restricciones equivalen a una política de censura por primera vez en la historia de la guerra moderna" (Le Monde, 12 enero 1991). Las Agencias de las imágenes que van a los informativos se venden y se compran como mercancías que vienen ya dadas, de tal forma que está estrictamente prohibido dar imágenes de determinados hechos o realidades. Es el medio más eficaz para ocultar hechos y realidades que no se quieren divulgar. En consecuencia, los problemas sociales, incluso los más graves dramas humanos, de los que no hay imágenes, son despreciados por los medios de comunicación considerados serios. La cadena CNN se ha convertido desde 1991 en el modelo que se imita en otros informativos televisados. La fascinación por "el directo", por "la imagen inmediata" ha cambiado y pervertido el modo de representación de los telediarios e incluso de la prensa escrita. Porque no hay reflexión, no hay profundidad, no se busca el significado de los acontecimientos. ¿Acaso no hay otras formas de hacer un periodismo televisado? ¿Hay en el mundo un periodismo que no imite?
Encontramos el caso de una periodista, Matilde Asensi, que abandonó el periodismo para dedicarse a la novela. Le pregunta un encuestador de XL Semanal (27 de septiembre 2015):
"¿Dejó el periodismo -SER, RNE y EFE- por buscar una vida mejor?"
Responde la novelista:
"No era tanto por una cuestión económica como por lo que tenía que tragar en el terreno político. Aquí había mucha corrupción, pero no se podía contar nada; las cosas se sabían y se consentían. Se me hinchaba la vena de tragar y empecé a calcular cuántos años me quedaban de vida laboral. ¡Más de 40! Estaba claro que yo no iba a poder soportarlo y mi hígado me dijo: '¡Hasta aquí hemos llegado!'."
Lo mismo se puede decir de los periodistas. Las élites de los medios de comunicación de Estados Unidos (de donde viene gran parte de las "noticias" de nuestros informativos) practican una brutal censura, aunque bien disimulada, con las informaciones, censura típica de los tiempos de guerra, aunque actualmente ya se reconocen abiertamente los mecanismos de dicho control.
John Chancellor, presentador del informativo de la NBC-TV durante mucho tiempo, escribió su autobiografía y cómo es la vida en un plató de informativos (The News Bussiness, 1995) y admitió que, a través de estructuras formales como la Associated Press y de clubs informales como el neoyorquino Council on Foreign Relations, todos los días se toman decisiones acerca de lo que se va a decir al pueblo americano (y al resto del mundo) y de las historias que nunca verán la luz.
Es revelador el documental The war you don't see (2010), de John Pilger, donde se muestra claramente que hay periodistas que trabajan como 'embeded media', esto es, dentro de los movimientos de las tropas estadounidenses en las guerras como las de Irak y Siria, y actúan como portavoces obedientes (y luego premiados) de los poderes político-militares e industriales.
En el documental aparecen también periodistas algo arrepentidos de su parcialidad y periodistas críticos e independientes, como Mark Manning, que fue voz de las víctimas de Irak; Mark Curtis, autor de Secret Affairs; Carne Ross y otros, como los de los informativos de Al Jazeera.
La mayoría de los estadounidenses y de los europeos está convencida de que existe algo llamado "prensa libre", una de las áreas clave para manipular la mente de la población. La mayoría de los estadounidenses y de los europeos se informa de lo que ocurre en el mundo a través de la televisión controlada por el Estado, con la idea errónea de que los reporteros tienen la misión de servir al público. De hecho, los reporteros no sirven a la sociedad, sino que son funcionarios asalariados (incluso premiados) por servir a los propietarios de los medios de comunicación, cuyas acciones cotizan en Wall Street.
En su libro La tiranía de la comunicación (Madrid, 1998), el autor Ignacio Ramonet habla de la "ideología del telediario" (el telediario "manipula más fácilmente a los que menos defensa cultural tienen"), de los "mitos y desvaríos de los media", de la "batalla Norte-Sur en la información", de "la era de la sospecha" (la sospecha de los ciudadanos de que el sistema de las informaciones no es fiable, que tiene fallos, que da pruebas de incompetencia y que puede presentar enormes mentiras como verdades).
En el capítulo "Mitos y desvaríos de los media" afirma:
"Ni el Reino Unido cuando la reconquista de las Malvinas en 1982, ni Estados Unidos cuando la ocupación de Granada en 1983, ni Francia en el Chad en 1988, ni Estados Unidos durante la invasión de Panamá en 1989, dejaron a los periodistas seguir los acontecimientos." En el conflicto del Golfo Pérsico esas prácticas de censura se convirtieron en reglas explícitas de prohibición por parte del ejército francés y del Pentágono. Los periodistas norteamericanos, sometidos a normas impuestas, casi tan severas como las francesas, denunciaron a su gobierno y declararon: "estas restricciones equivalen a una política de censura por primera vez en la historia de la guerra moderna" (Le Monde, 12 enero 1991). Las Agencias de las imágenes que van a los informativos se venden y se compran como mercancías que vienen ya dadas, de tal forma que está estrictamente prohibido dar imágenes de determinados hechos o realidades. Es el medio más eficaz para ocultar hechos y realidades que no se quieren divulgar. En consecuencia, los problemas sociales, incluso los más graves dramas humanos, de los que no hay imágenes, son despreciados por los medios de comunicación considerados serios. La cadena CNN se ha convertido desde 1991 en el modelo que se imita en otros informativos televisados. La fascinación por "el directo", por "la imagen inmediata" ha cambiado y pervertido el modo de representación de los telediarios e incluso de la prensa escrita. Porque no hay reflexión, no hay profundidad, no se busca el significado de los acontecimientos. ¿Acaso no hay otras formas de hacer un periodismo televisado? ¿Hay en el mundo un periodismo que no imite?
Encontramos el caso de una periodista, Matilde Asensi, que abandonó el periodismo para dedicarse a la novela. Le pregunta un encuestador de XL Semanal (27 de septiembre 2015):
"¿Dejó el periodismo -SER, RNE y EFE- por buscar una vida mejor?"
Responde la novelista:
"No era tanto por una cuestión económica como por lo que tenía que tragar en el terreno político. Aquí había mucha corrupción, pero no se podía contar nada; las cosas se sabían y se consentían. Se me hinchaba la vena de tragar y empecé a calcular cuántos años me quedaban de vida laboral. ¡Más de 40! Estaba claro que yo no iba a poder soportarlo y mi hígado me dijo: '¡Hasta aquí hemos llegado!'."
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