De las enseñanzas espirituales de la nueva era toman los grupos sectarios actuales (incluidas sus últimas versiones veganas, animalistas, yoguistas, etc.) muchas formas de actuación para hacer prosélitos. Los ya iniciados y transformados en difusores utilizan esas herramientas sintiéndose con cierta superioridad sobre los profanos a los que van a meter en su grupo. Como hemos visto en los artículos de "testimonios personales" de personas que han entrado en esos grupos, al principio se han sentido muy bien acogidos.
Por eso es bueno tener en cuenta que los difusores de las sectas "se ven frecuentemente obligados a encubrir sus sentimientos para poder hacerse valer mejor. Así, pues, no nos debemos dejar cautivar por la amabilidad de nadie, porque puede ocurrir que sólo sea un arma de ataque. Es natural que la primera fase de tal combate sea la de tranquilizar al contrincante para que no esté en guardia; esto es lo que se pretende en tales casos con la vanidad. Esta primera fase puede, pues, parecernos la expresión del sentimiento de comunidad, pero la segunda nos descubre nuestro error. De tales personas solemos decir que nos desilusionan, que tienen dos almas, aunque en realidad sólo tienen una que comienza a manifestarse amablemente para continuar luego con hostilidad. Esta aduladora actitud inicial puede llegar a ser una verdadera trampa espiritual. Estos individuos pueden llevar en la boca las mejores acciones e ideas y hasta realizarlas aparentemente. Suelen hacerlo, sin embargo, de una manera tan demostrativa, que el psicólogo se pone en guardia. Un criminalista italiano dijo una vez: "Cuando la conducta ideal de un individuo excede de cierto límite, y cuando su bondad y nobleza de sentimientos se exterioriza de una manera que nos sorprende, debemos desconfiar". Este criterio debe, no obstante, emplearse con una gran cautela, aunque sin olvidar que tiene un gran fundamento teórico y práctico." (Alfred Adler)
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viernes, 27 de septiembre de 2019
lunes, 20 de febrero de 2017
PERSONALIDAD DE LOS LÍDERES DE SECTAS (4)
Sun
Myung Moon, fundador de la Iglesia de la Unificación, es un hombre
profundamente ambicioso y resentido con la sociedad. Si analizamos su
vida y las circunstancias que la rodearon -explica Pepe Rodríguez-,
veremos un ejemplo del desarrollo de una paranoia exógena.
Una serie de circunstancias exteriores desencadenan esta psicopatología en su personalidad paranoide. El joven Moon trabajó en el transporte de carbón cuando Corea era una colonia japonesa. Así, marginado y humillado por el dominio extranjero y la posterior división de Corea, por la persecución y el pactismo religioso, por su situación familiar (hay indicios de que fue hijo ilegítimo y repudiado) y por la represión y los malos tratos a que fue sometido por los comunistas, acaba desarrollando el delirio de creerse el "mesías", el único que puede unificar y dignificar la religión y la política, establecer la "Familia Ideal", o dirigir una potente política nacionalista local y una potente campaña anticomunista internacional; el único, en suma, con capacidad para poseer toda la riqueza de la sociedad en contrapartida a la miseria que pasó en su juventud.
Todo se respalda con las revelaciones que él dice haber recibido de Buda y de Jesús.
En 1949, en Corea del Sur, Moon es detenido por adulterio, motivo por el que fue encarcelado. En julio de 1955 Moon y otros discípulos de su secta fueron detenidos por el malestar que el grupo había creado en su entorno y por acusaciones sobre los ritos sexuales de Moon en su iglesia. El propio Moon desde su primer matrimonio en 1945 tuvo cuatro mujeres, a las que fue dejando, hasta casarse con la quinta, en 1960. Era hija de una fanática de otra secta cristiana. Después él y su esposa han sido declarados "verdadero padre y verdadera madre", a los que los seguidores deben venerar haciendo cada mañana un saludo ante su foto.
http://zarauste.blogspot.com.es/2016/07/universos-paralelos-de-moon.html
Una serie de circunstancias exteriores desencadenan esta psicopatología en su personalidad paranoide. El joven Moon trabajó en el transporte de carbón cuando Corea era una colonia japonesa. Así, marginado y humillado por el dominio extranjero y la posterior división de Corea, por la persecución y el pactismo religioso, por su situación familiar (hay indicios de que fue hijo ilegítimo y repudiado) y por la represión y los malos tratos a que fue sometido por los comunistas, acaba desarrollando el delirio de creerse el "mesías", el único que puede unificar y dignificar la religión y la política, establecer la "Familia Ideal", o dirigir una potente política nacionalista local y una potente campaña anticomunista internacional; el único, en suma, con capacidad para poseer toda la riqueza de la sociedad en contrapartida a la miseria que pasó en su juventud.
Todo se respalda con las revelaciones que él dice haber recibido de Buda y de Jesús.
En 1949, en Corea del Sur, Moon es detenido por adulterio, motivo por el que fue encarcelado. En julio de 1955 Moon y otros discípulos de su secta fueron detenidos por el malestar que el grupo había creado en su entorno y por acusaciones sobre los ritos sexuales de Moon en su iglesia. El propio Moon desde su primer matrimonio en 1945 tuvo cuatro mujeres, a las que fue dejando, hasta casarse con la quinta, en 1960. Era hija de una fanática de otra secta cristiana. Después él y su esposa han sido declarados "verdadero padre y verdadera madre", a los que los seguidores deben venerar haciendo cada mañana un saludo ante su foto.
http://zarauste.blogspot.com.es/2016/07/universos-paralelos-de-moon.html
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martes, 2 de febrero de 2016
PERSONALIDAD DE LOS LÍDERES DE SECTAS (2)
Timothy
Leary aparece en primer plano como promotor, apologista y sumo
sacerdote de los agentes psicodélicos desde su Arcadia psicodélica de Millbrook de Nueva York. Es curioso y también muy
sospechoso cómo Timothy Leary ha conseguido ejercer su breve, pero
intensa influencia sobre la cultura joven. Ha sido considerado pionero
en el campo de la investigación psicodélica desde los primeros años de
1960 y como tal se le ha hecho una asombrosa publicidad. Pero hemos de
fijarnos en que no surgió como sacerdote sedicente del culto swami hasta
que su carrera académica no quedó hecha trizas. Fue expulsado de
Harvard en 1963 y estuvo envuelto en procesos judiciales por uso de
narcóticos. No parece haber sido casual la coincidencia de sus
dificultades con la autoridad judicial y su presentación como profeta
visionario.
En 1960, el doctor Timothy Leary, psicólogo de prestigio y gran inteligencia en la universidad de Harvard, estaba convencido de que para aliviar el sufrimiento físico hacía falta algo más que un análisis conductual. Empezó a estudiar los alucinógenos. A principios de 1961 contaba con financiación para un proyecto aprobado por Harvard sobre las "reacciones clínicas de la psilocibina". Repartió 3.500 dosis entre 400 personas: músicos de jazz, escritores, presos, estudiantes. Del resultado Leary se convenció de que había encontrado la solución para los males de la sociedad.
Hizo todo lo posible para influir en el debate público y se dirigió a quienes "creaban las opiniones" para que al menos quedase esa droga al alcance de investigadores y científicos. Dio a probar dicha droga a poetas como Robert Lowell, Charles Olson y Allan Ginsberg; se la dio a músicos de jazz como Maynard Ferguson, Charles Mingus y Thelonius Monk; se la ofreció a editores y educadores, e intentó por todos los medios hacérsela llegar al presidente Kennedy.
Su estudio era teórico y estaba muy controlado. El problema llegó cuando Timothy Leary y las demás personas de su entorno empezaron a tomarlo a todas horas. En diciembre de 1961, Leary cambió al todavía más potente LSD, que conoció gracias a Michael Hollingshead. Cuanto más ácido tomaba, más veía a Dios.
Los otros académicos y administradores de Harvard se quejaron del clan de estudiantes de Harvard que se habían convertido en visionarios y de que los padres de los estudiantes no esperaban precisamente eso. En 1962 denunciaron a Leary por proporcionar psicotrópicos sin que estuviera presente un médico.
Leary escondió la cabeza hasta que llegaron las vacaciones y entonces con 35 amigos y asociados partió a México. Los seguidores se consideraban un conjunto de visionarios que se habían unido para fundar una nueva sociedad universal basada en las drogas psicodélicas y en una síntesis de religiones orientales.
Volvieron a Harvard, pero el profesor Richard Alpert y Timothy Leary no tuvieron la aportación oficial para continuar con su trabajo, y fundaron como institución alternativa la Federación Internacional para la Libertad Interior. Fueron expulsados de la universidad de Harvard. En un curso dado en un hotel de Zihuatanejo (México), las autoridades mexicanas detuvieron a Leary y a sus amigos y los devolvieron a Estados Unidos. Fueron también echados al intentar montar un centro en Antigua y en Dominica. Entonces, Leary instaló su centro al norte de Nueva York, en Millbrook.
Se calculaba que en la primavera de 1965 había cerca de 4 millones de consumidores de ácido LSD. Para la prensa y las autoridades de Estados Unidos, eso era por culpa de Timothy Leary. Él alimentó la leyenda dando charlas y presentándose a menudo como jefe del movimiento psicodélico.
En septiembre de 1966 tuvo lugar la primera y turbia celebración psicodélica de su Liga para la Revolución Espiritual. En el "New York Times" de 20 de septiembre de 1966 se relata la fundación de la Liga y su primer servicio público.
En psiquiatría existe una condición de la inteligencia llamada "síndrome de Ganser" o síndrome de las respuestas aproximadas. Este síndrome describe el comportamiento de personas que aparentemente fingen locura, pero la fingen tan bien, que llega un momento en que se adaptan a la conducta fingida. En cierto modo, se comportan deliberadamente como locos. En el caso de Leary, la "locura" se ha revestido de algo divino, pero al parecer se da el mismo proceso de pérdida progresiva de sí mismo en una identidad excéntrica. En la obra de Leary "High Priest" (1968), pretende proporcionar el "fondo del Nuevo Testamento para los nuevos testigos". Desde la primera línea se leen sentencias de un recargado eclecticismo religioso. Él mismo se ve como el Moisés de estas nuevas escrituras.
Cuando la revolución psicodélica va tan ligada a una sexualidad libre y sin límites -aspecto básico del culto de Leary-, ¿nos habremos de extrañar de que los jóvenes alienados se adhieran a ella de manera tan imprudente y precipitada?
Es penoso, pero la droga empezó a ser experimentada de repente por una generación de adolescentes patéticamente sin cultura y que normalmente llevaban una impaciencia vacía a esa experiencia.
La experiencia psicodélica (la expansión de la conciencia) en la adolescencia rebelde ha abortado. El psicodelismo experimentado por caracteres amorfos y alienados tiene precisamente el efecto contrario: disminuir la conciencia mediante fijaciones. Lo evidente es que la psicodelia es una obsesión que demasiados jóvenes no son capaces de vencer o eludir.
Timothy Leary ha revendido a las masas de adolescentes y jóvenes estudiantes la conexión entre la experiencia psicodélica y la religión visionaria. Aparecía en sus reuniones campestres de LSD con la solemnidad de un Cristo resucitado, vestido todo de blanco, entre inciensos y efectos de luz y sonido que formaban parte de la función, que costaba 4 dólares a cada asistente. Leary ha sido el mayor responsable de que se haya inculcado a grandes masas de jóvenes y de mentes precarias (que no pueden contener más que una sola idea de una vez) la noción de que el LSD tiene algo que ver con la religión y que drogarse es el rito sagrado de la Nueva Era. La juventud sabe vagamente que detrás y en alguna parte de esta experiencia se encuentran tradiciones religiosas ricas y exóticas, poderes ocultos, la salvación, todo lo cual no acierta a comprender la sociedad adulta.
A Leary se le critica por predicar una forma de quietismo apolítico. Él mismo dijo en 1967: "Este será un país de LSD dentro de quince años. (...) Cada vez hay menos interés por la guerra, los armamentos, la política, el poder. Y ya saben ustedes que hoy la política es una enfermedad."
Pero también Leary hizo reivindicaciones políticas demasiado vagas de conquistar la libertad individual mediante la acción política y social. Según parece, embriagarse de LSD y vivir underground bastaba para transformar la sociedad y reorientar el curso de la historia. Además, Leary combinó en su psicodelismo una caprichosa forma de darwinismo psíquico que introduce al viajero (del LSD) en una "nueva raza" en proceso de evolución.
_________________________________________________
El trance meditativo supone una práctica intensa y sistemática de meditación llevada por yoguis indios con el fin de producir una alteración que tiene mucho que ver con la psicosis funcional y con experiencias psicóticas.
Los yoguis muy experimentados pueden tener personalidad doble, alucinaciones visuales y auditivas y creencias en sus poderes espirituales, tales como la capacidad de influir en el clima o caminar sobre el agua.
Más en concreto, la alteración de la conciencia alcanzada por los yoguis viene a ser una forma de alteración del yo semejante a las alteraciones esquizofrénicas, cuando se describen desde una perspectiva fenomenológica.
Este experiencia deriva de una práctica cuya clave está en la concentración de la atención. Esta práctica llamada "Yoga-Sutra" identifica tres etapas: atención fija, atención continua y atención fusional. El objetivo de los yoguis es la liberación del yo participante, lo que sería la experiencia pura del yo observador, la pura contemplación.
Los mecanismos psicológicos del trance meditativo son similares en estructura a los trances espontáneos de algunas psicosis, en particular con aspectos disociativos relacionados con el estrés extremo o trauma. Si se considera que muchos yoguis tienen una historia de abuso en la infancia y depresión previa al comienzo de la meditación, cabe sugerir también que el trance meditativo sea una forma de vida alternativa a la psicosis o una psicosis canalizada de forma no clínica.
http://zarauste.blogspot.com.es/2015/06/la-personalidad-de-los-lideres-de-sectas.html
Bibliografía
Theodore Roszak, El nacimiento de una contracultura, Kairós, 1970
Marino Pérez Álvarez, Las raíces de la psicopatología moderna, Pirámide, 2012.
En 1960, el doctor Timothy Leary, psicólogo de prestigio y gran inteligencia en la universidad de Harvard, estaba convencido de que para aliviar el sufrimiento físico hacía falta algo más que un análisis conductual. Empezó a estudiar los alucinógenos. A principios de 1961 contaba con financiación para un proyecto aprobado por Harvard sobre las "reacciones clínicas de la psilocibina". Repartió 3.500 dosis entre 400 personas: músicos de jazz, escritores, presos, estudiantes. Del resultado Leary se convenció de que había encontrado la solución para los males de la sociedad.
Hizo todo lo posible para influir en el debate público y se dirigió a quienes "creaban las opiniones" para que al menos quedase esa droga al alcance de investigadores y científicos. Dio a probar dicha droga a poetas como Robert Lowell, Charles Olson y Allan Ginsberg; se la dio a músicos de jazz como Maynard Ferguson, Charles Mingus y Thelonius Monk; se la ofreció a editores y educadores, e intentó por todos los medios hacérsela llegar al presidente Kennedy.
Su estudio era teórico y estaba muy controlado. El problema llegó cuando Timothy Leary y las demás personas de su entorno empezaron a tomarlo a todas horas. En diciembre de 1961, Leary cambió al todavía más potente LSD, que conoció gracias a Michael Hollingshead. Cuanto más ácido tomaba, más veía a Dios.
Los otros académicos y administradores de Harvard se quejaron del clan de estudiantes de Harvard que se habían convertido en visionarios y de que los padres de los estudiantes no esperaban precisamente eso. En 1962 denunciaron a Leary por proporcionar psicotrópicos sin que estuviera presente un médico.
Leary escondió la cabeza hasta que llegaron las vacaciones y entonces con 35 amigos y asociados partió a México. Los seguidores se consideraban un conjunto de visionarios que se habían unido para fundar una nueva sociedad universal basada en las drogas psicodélicas y en una síntesis de religiones orientales.
Volvieron a Harvard, pero el profesor Richard Alpert y Timothy Leary no tuvieron la aportación oficial para continuar con su trabajo, y fundaron como institución alternativa la Federación Internacional para la Libertad Interior. Fueron expulsados de la universidad de Harvard. En un curso dado en un hotel de Zihuatanejo (México), las autoridades mexicanas detuvieron a Leary y a sus amigos y los devolvieron a Estados Unidos. Fueron también echados al intentar montar un centro en Antigua y en Dominica. Entonces, Leary instaló su centro al norte de Nueva York, en Millbrook.
Se calculaba que en la primavera de 1965 había cerca de 4 millones de consumidores de ácido LSD. Para la prensa y las autoridades de Estados Unidos, eso era por culpa de Timothy Leary. Él alimentó la leyenda dando charlas y presentándose a menudo como jefe del movimiento psicodélico.
En septiembre de 1966 tuvo lugar la primera y turbia celebración psicodélica de su Liga para la Revolución Espiritual. En el "New York Times" de 20 de septiembre de 1966 se relata la fundación de la Liga y su primer servicio público.
En psiquiatría existe una condición de la inteligencia llamada "síndrome de Ganser" o síndrome de las respuestas aproximadas. Este síndrome describe el comportamiento de personas que aparentemente fingen locura, pero la fingen tan bien, que llega un momento en que se adaptan a la conducta fingida. En cierto modo, se comportan deliberadamente como locos. En el caso de Leary, la "locura" se ha revestido de algo divino, pero al parecer se da el mismo proceso de pérdida progresiva de sí mismo en una identidad excéntrica. En la obra de Leary "High Priest" (1968), pretende proporcionar el "fondo del Nuevo Testamento para los nuevos testigos". Desde la primera línea se leen sentencias de un recargado eclecticismo religioso. Él mismo se ve como el Moisés de estas nuevas escrituras.
Cuando la revolución psicodélica va tan ligada a una sexualidad libre y sin límites -aspecto básico del culto de Leary-, ¿nos habremos de extrañar de que los jóvenes alienados se adhieran a ella de manera tan imprudente y precipitada?
Es penoso, pero la droga empezó a ser experimentada de repente por una generación de adolescentes patéticamente sin cultura y que normalmente llevaban una impaciencia vacía a esa experiencia.
La experiencia psicodélica (la expansión de la conciencia) en la adolescencia rebelde ha abortado. El psicodelismo experimentado por caracteres amorfos y alienados tiene precisamente el efecto contrario: disminuir la conciencia mediante fijaciones. Lo evidente es que la psicodelia es una obsesión que demasiados jóvenes no son capaces de vencer o eludir.
Timothy Leary ha revendido a las masas de adolescentes y jóvenes estudiantes la conexión entre la experiencia psicodélica y la religión visionaria. Aparecía en sus reuniones campestres de LSD con la solemnidad de un Cristo resucitado, vestido todo de blanco, entre inciensos y efectos de luz y sonido que formaban parte de la función, que costaba 4 dólares a cada asistente. Leary ha sido el mayor responsable de que se haya inculcado a grandes masas de jóvenes y de mentes precarias (que no pueden contener más que una sola idea de una vez) la noción de que el LSD tiene algo que ver con la religión y que drogarse es el rito sagrado de la Nueva Era. La juventud sabe vagamente que detrás y en alguna parte de esta experiencia se encuentran tradiciones religiosas ricas y exóticas, poderes ocultos, la salvación, todo lo cual no acierta a comprender la sociedad adulta.
A Leary se le critica por predicar una forma de quietismo apolítico. Él mismo dijo en 1967: "Este será un país de LSD dentro de quince años. (...) Cada vez hay menos interés por la guerra, los armamentos, la política, el poder. Y ya saben ustedes que hoy la política es una enfermedad."
Pero también Leary hizo reivindicaciones políticas demasiado vagas de conquistar la libertad individual mediante la acción política y social. Según parece, embriagarse de LSD y vivir underground bastaba para transformar la sociedad y reorientar el curso de la historia. Además, Leary combinó en su psicodelismo una caprichosa forma de darwinismo psíquico que introduce al viajero (del LSD) en una "nueva raza" en proceso de evolución.
_________________________________________________
El trance meditativo supone una práctica intensa y sistemática de meditación llevada por yoguis indios con el fin de producir una alteración que tiene mucho que ver con la psicosis funcional y con experiencias psicóticas.
Los yoguis muy experimentados pueden tener personalidad doble, alucinaciones visuales y auditivas y creencias en sus poderes espirituales, tales como la capacidad de influir en el clima o caminar sobre el agua.
Más en concreto, la alteración de la conciencia alcanzada por los yoguis viene a ser una forma de alteración del yo semejante a las alteraciones esquizofrénicas, cuando se describen desde una perspectiva fenomenológica.
Este experiencia deriva de una práctica cuya clave está en la concentración de la atención. Esta práctica llamada "Yoga-Sutra" identifica tres etapas: atención fija, atención continua y atención fusional. El objetivo de los yoguis es la liberación del yo participante, lo que sería la experiencia pura del yo observador, la pura contemplación.
Los mecanismos psicológicos del trance meditativo son similares en estructura a los trances espontáneos de algunas psicosis, en particular con aspectos disociativos relacionados con el estrés extremo o trauma. Si se considera que muchos yoguis tienen una historia de abuso en la infancia y depresión previa al comienzo de la meditación, cabe sugerir también que el trance meditativo sea una forma de vida alternativa a la psicosis o una psicosis canalizada de forma no clínica.
http://zarauste.blogspot.com.es/2015/06/la-personalidad-de-los-lideres-de-sectas.html
Bibliografía
Theodore Roszak, El nacimiento de una contracultura, Kairós, 1970
Marino Pérez Álvarez, Las raíces de la psicopatología moderna, Pirámide, 2012.
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martes, 23 de junio de 2015
LA PERSONALIDAD DE LOS LÍDERES DE SECTAS
Todas las sectas, especialmente las destructivas, tienen un director, un personaje con carisma de salvador, con cierto encanto personal y gran atractivo. Los psiquiatras lo llaman "paranoico expansivo", que se convierte en el dueño de cuerpo y alma del adepto, y de su dinero y el de su familia, si es posible. Los que dirigen las sectas suelen ser decididos y dominantes y son descritos como si tuvieran carisma. Necesitan poseer suficiente impulso personal, encanto u otro poder seductor para atraer, controlar y manejar a su grey. Persuaden a los devotos para que abandonen la familia, el empleo, la carrera, los amigos y lo sigan. De manera abierta o encubierta, en la mayor parte de los casos terminan por tomar el control de los bienes, el dinero y la vida de sus seguidores.
Freud pensaba que los delirios paranoicos se basan en deseos o temores, y los principales son el de ser perseguido, el de injusticia, el de tipo sexual y el delirio de grandeza. El doctor Vallejo-Nájera define la paranoia como enfermedad mental caracterizada por la presencia de un delirio crónico, sistematizado, irrebatible a los argumentos lógicos, que aparece como consecuencia de una predisposición constitucional; se relaciona con las videncias del sujeto. Mientras no se le haga presente el tema del delirio, el sujeto conserva entera su inteligencia, su memoria, lucidez de conciencia, capacidad de juicio y raciocinio.
El dirigente suele estar sometido a tendencias impulsivas sadomasoquistas que utiliza para evadirse de la angustia del aislamiento, la insignificancia y la impotencia que lo atenaza, es lo que dice Pepe Rodríguez, investigador de las sectas. El sadismo hace depender a esos dirigentes sectarios de sus 'dominados' para sobrevivir. El impulso masoquista, por otra parte, aporta seguridad por el mecanismo de haber disuelto el yo: al disolver la propia personalidad en una entidad superior no bien comprendida (Dios, conciencia, etc,), cree participar de su gloria y su fortaleza; se transforma, con ello, en parte de un poder inamovible y fascinador.
Otro rasgo caracterizador de los dirigentes sectarios es que padecen de un "narcisismo maligno". Se dejan llevar por un sentimiento extremo de ampulosidad, crueldad sádica, sospechas paranoicas y una carencia total de sentido de culpabilidad. Su ampulosidad llega a la arrogancia y se asienta en su profunda creencia de estar destinados a algo especial que los aparta de los seres humanos comunes. Esa ampulosidad toma un cariz maligno cuando se une con la idea firme de que la agresividad está permitida para conseguir los objetivos fijados. Los psiquiatras dicen que los narcisistas malignos disfrutan al herir a los otros y sufren de continuas sospechas, se ven como perseguidos, adjudican su propia crueldad a sus enemigos. En suma, carecen de toda conciencia o sentido moral, por lo cual mienten y explotan a otros sin remordimiento alguno. Los dirigentes sectarios son, por tanto, personas autodesignadas y persuasivas que afirman tener una tarea especial en la vida o poseer un conocimiento especial. Centran la veneración en su persona; mantienen el foco del amor, la devoción y la lealtad en sí mismos. En muchas sectas, por ejemplo, a los miembros de un matrimonio se les obliga a separarse o a los padres se los obliga a ceder a sus hijos como prueba de su devoción al líder.
El cabecilla sectario maneja con mayor facilidad a un individuo, si este se agrupa. En una multitud, como observaron Gustave Le Bon y Sigmund Freud, desaparece la personalidad de cada uno de los que la integran. Los individuos de una multitud necesitan sentir que el jefe los ama a todos con un amor justo y equitativo; en ellos la afectividad se intensifica y queda limitada su actividad intelectual, cultural.
En Argentina, a mediados del decenio de 1990, la Justicia ordenó a unos psiquiatras hacer un peritaje sobre Juan Unger, dirigente de la secta "Las 8 Reinas", el cual, como profesor de bioenergía, fue formando grupos pequeños a los que pudo controlar, y, al observar que su poder aumentaba y se debilitaba la voluntad de los otros, fue intensificando su dominio; para ello contaba con ayudantes fieles que se beneficiaban en detrimento de los nuevos adeptos.
En el informe de los psiquiatras sobre la personalidad de Juan Unger se dice que tuvo una actitud de histrionismo donde era evidente la necesidad de controlar y manejar las entrevistas. Cuando creyó haber seducido al interlocutor, exhibió contenidos delirantes. Fantaseó con poseer un poder ilimitado, y lo asoció con necesidades reivindicatorias ancestrales y con proyectos de ser presidente nacional y de creencias de ser depositario de dones divinos o sobrenaturales. Sus componentes perversos constituyen un 'secuestro' en el desarrollo de su existencia dentro del cual satisface su quimera de poder ilimitado.
Una secta es el espejo del interior del líder. Éste no tiene restricciones, puede dar vida a sus fantasías y deseos en el mundo que crea alrededor. Como no se permiten críticas, cuando al fin consigue que los seguidores sean lo bastante obedientes, puede hacer uso de su poder y conseguir que los miembros ejecuten los actos que él indica, aunque sean actos extravagantes y peligrosos.
Las sectas tienen una estructura autoritaria, donde el líder es considerado la autoridad suprema, aunque puede delegar cierto poder en unos pocos subordinados con el fin de asegurarse de que los miembros se sumen a sus deseos y reglas. No hay ninguna apelación, fuera del sistema del líder, a sistemas de justicia superiores. Por ejemplo, si un maestro de escuela se siente tratado injustamente por un director, puede apelar a otra autoridad. En una secta, el líder tiene la decisión única y final sobre todos los asuntos.
Los líderes de sectas afirman que rompen con la tradición, que ofrecen algo innovador y que ofrecen un sistema único, exclusivo, para solucionar los problemas de la vida o los males del mundo. Casi todas las sectas afirman que sus miembros van a ser "elegidos", o que son "selectos", mientras que los que no son miembros son considerados seres inferiores.
Las sectas suelen poseer un sistema ético doble. Se insta a los miembros a ser abiertos y honestos dentro del grupo y a confesar todo al líder. Al mismo tiempo, se los alienta a engañar y manipular a los que no son miembros. La filosofía dominante en las sectas es que los fines justifican los medios, una visión que les permite establecer su propio estilo de moralidad, fuera de los límites sociales normales.
Bibliografía
A. Silleta, Cuando el Paraíso es un infierno, 1992
http://victimasectas.com/LiderSectario.html
http://zarauste.blogspot.com.es/2016/12/personalidad-de-los-lideres-de-sectas-3.html
Freud pensaba que los delirios paranoicos se basan en deseos o temores, y los principales son el de ser perseguido, el de injusticia, el de tipo sexual y el delirio de grandeza. El doctor Vallejo-Nájera define la paranoia como enfermedad mental caracterizada por la presencia de un delirio crónico, sistematizado, irrebatible a los argumentos lógicos, que aparece como consecuencia de una predisposición constitucional; se relaciona con las videncias del sujeto. Mientras no se le haga presente el tema del delirio, el sujeto conserva entera su inteligencia, su memoria, lucidez de conciencia, capacidad de juicio y raciocinio.
El dirigente suele estar sometido a tendencias impulsivas sadomasoquistas que utiliza para evadirse de la angustia del aislamiento, la insignificancia y la impotencia que lo atenaza, es lo que dice Pepe Rodríguez, investigador de las sectas. El sadismo hace depender a esos dirigentes sectarios de sus 'dominados' para sobrevivir. El impulso masoquista, por otra parte, aporta seguridad por el mecanismo de haber disuelto el yo: al disolver la propia personalidad en una entidad superior no bien comprendida (Dios, conciencia, etc,), cree participar de su gloria y su fortaleza; se transforma, con ello, en parte de un poder inamovible y fascinador.
Otro rasgo caracterizador de los dirigentes sectarios es que padecen de un "narcisismo maligno". Se dejan llevar por un sentimiento extremo de ampulosidad, crueldad sádica, sospechas paranoicas y una carencia total de sentido de culpabilidad. Su ampulosidad llega a la arrogancia y se asienta en su profunda creencia de estar destinados a algo especial que los aparta de los seres humanos comunes. Esa ampulosidad toma un cariz maligno cuando se une con la idea firme de que la agresividad está permitida para conseguir los objetivos fijados. Los psiquiatras dicen que los narcisistas malignos disfrutan al herir a los otros y sufren de continuas sospechas, se ven como perseguidos, adjudican su propia crueldad a sus enemigos. En suma, carecen de toda conciencia o sentido moral, por lo cual mienten y explotan a otros sin remordimiento alguno. Los dirigentes sectarios son, por tanto, personas autodesignadas y persuasivas que afirman tener una tarea especial en la vida o poseer un conocimiento especial. Centran la veneración en su persona; mantienen el foco del amor, la devoción y la lealtad en sí mismos. En muchas sectas, por ejemplo, a los miembros de un matrimonio se les obliga a separarse o a los padres se los obliga a ceder a sus hijos como prueba de su devoción al líder.
El cabecilla sectario maneja con mayor facilidad a un individuo, si este se agrupa. En una multitud, como observaron Gustave Le Bon y Sigmund Freud, desaparece la personalidad de cada uno de los que la integran. Los individuos de una multitud necesitan sentir que el jefe los ama a todos con un amor justo y equitativo; en ellos la afectividad se intensifica y queda limitada su actividad intelectual, cultural.
En Argentina, a mediados del decenio de 1990, la Justicia ordenó a unos psiquiatras hacer un peritaje sobre Juan Unger, dirigente de la secta "Las 8 Reinas", el cual, como profesor de bioenergía, fue formando grupos pequeños a los que pudo controlar, y, al observar que su poder aumentaba y se debilitaba la voluntad de los otros, fue intensificando su dominio; para ello contaba con ayudantes fieles que se beneficiaban en detrimento de los nuevos adeptos.
En el informe de los psiquiatras sobre la personalidad de Juan Unger se dice que tuvo una actitud de histrionismo donde era evidente la necesidad de controlar y manejar las entrevistas. Cuando creyó haber seducido al interlocutor, exhibió contenidos delirantes. Fantaseó con poseer un poder ilimitado, y lo asoció con necesidades reivindicatorias ancestrales y con proyectos de ser presidente nacional y de creencias de ser depositario de dones divinos o sobrenaturales. Sus componentes perversos constituyen un 'secuestro' en el desarrollo de su existencia dentro del cual satisface su quimera de poder ilimitado.
Una secta es el espejo del interior del líder. Éste no tiene restricciones, puede dar vida a sus fantasías y deseos en el mundo que crea alrededor. Como no se permiten críticas, cuando al fin consigue que los seguidores sean lo bastante obedientes, puede hacer uso de su poder y conseguir que los miembros ejecuten los actos que él indica, aunque sean actos extravagantes y peligrosos.
Las sectas tienen una estructura autoritaria, donde el líder es considerado la autoridad suprema, aunque puede delegar cierto poder en unos pocos subordinados con el fin de asegurarse de que los miembros se sumen a sus deseos y reglas. No hay ninguna apelación, fuera del sistema del líder, a sistemas de justicia superiores. Por ejemplo, si un maestro de escuela se siente tratado injustamente por un director, puede apelar a otra autoridad. En una secta, el líder tiene la decisión única y final sobre todos los asuntos.
Los líderes de sectas afirman que rompen con la tradición, que ofrecen algo innovador y que ofrecen un sistema único, exclusivo, para solucionar los problemas de la vida o los males del mundo. Casi todas las sectas afirman que sus miembros van a ser "elegidos", o que son "selectos", mientras que los que no son miembros son considerados seres inferiores.
Las sectas suelen poseer un sistema ético doble. Se insta a los miembros a ser abiertos y honestos dentro del grupo y a confesar todo al líder. Al mismo tiempo, se los alienta a engañar y manipular a los que no son miembros. La filosofía dominante en las sectas es que los fines justifican los medios, una visión que les permite establecer su propio estilo de moralidad, fuera de los límites sociales normales.
Bibliografía
A. Silleta, Cuando el Paraíso es un infierno, 1992
http://victimasectas.com/LiderSectario.html
http://zarauste.blogspot.com.es/2016/12/personalidad-de-los-lideres-de-sectas-3.html
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