viernes, 27 de abril de 2018

SALIR DE LAS SECTAS

TESTIMONIO. EXPERIENCIA DE UNA MUJER CON LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ (IV) (continúa la entrada anterior)

En ese tiempo ya me debatía en la tensión de abandonarlo todo, incluso a mi marido, o entrar en tratamiento psicológico. Fue entonces cuando los ancianos intensificaron la ayuda y me enviaron dos hermanas más. Eran en total cuatro las mujeres que se turnaban en mi casa; pasé a estar acompañada todo el día, se metieron en mi vida íntima y personal sin permiso mío, muy sutilmente.

 
Me daban consejos a cada momento sin yo pedírselo. Hasta que al final me dijeron claramente y sin más rodeo lo que tenía que hacer para conseguir que mi marido cambiara: ¡sobornarlo sexualmente! Tenía que descubrir sus fantasías sexuales, y todos aquellos juegos eróticos que a él más le gustasen practicarlos todos los días a las horas que pudiera.

 
Se ofrecieron incluso a quedarse con las niñas para que yo estuviera más libre y serena, más concentrada y pudiera hacerlo todo bien. A la vez debería dejarme hacer por él todo lo que su libido le propusiera. La idea era tenerlo contento sexualmente… Me aseguraron que después de pasar esos momentos fingiendo y a veces hasta con asco, tenían conseguidos a sus maridos para todo lo que ellas quisieran durante el resto del día.

 
Tantos meses, tantas visitas, tantos rodeos… Yo era demasiado torpe para captar lo que me estaban proponiendo. Tuvieron que hacerlo abiertamente, con todas sus letras y palabras. Yo era ingenua, muy joven… y como decían los ancianos muy inexperta en el matrimonio.

 
No lo dudé un minuto: opté por el tratamiento psicológico. La sola idea de ser una especie de prostituta legal me sobrecogía el corazón.

 
Me fui al Centro de la Mujer de la Consejería de Asuntos Sociales. Allí me trataron muy bien, con mucho cariño y atención. Me designaron una psicóloga que se puso las manos en la cabeza cuando le conté mi historia, y lejos de atiborrarme de consejos o de fármacos, inició conmigo una terapia de autoestima que fue ayudando a valorarme no solo como persona sino también como mujer.


Comencé a ir menos a las reuniones de la congregación, tenía claro que no quería ser como las hermanas sabias, como los ejemplos vivientes de la congregación. Ahora que sabía por qué les iba tan bien la vida y sus respectivos matrimonios, las veía como hipócritas y no soportaba su compañía. Después de saber de sus estrategias para mantener unos matrimonios agonizantes y a veces hasta muertos pero felices de cara a la galería, no soportaba su presencia ni tanta apariencia. Lo veía todo como una gran mentira.

 
Cuando conté todo esto a los ancianos esperando que para ellos fuera motivo más que suficiente para hacer una reflexión dentro de la congregación y una llamada de atención, simplemente se sonrieron entre ellos. Me sentí ridícula, humillada. Ellos eran precisamente quienes las habían enviado, pensando que estas cosas entre mujeres se hablan mejor. Ellos las habían enviado para que me amaestraran en estas artes femeninas.

 
Les comuniqué entonces mi decisión de abandonar la congregación y ellos antes de aceptarla prefirieron esperar la visita del superintendente que estaba por llegar.

 
Mi decisión estaba tomada, pero por educación volví a aceptar a otro nuevo superintendente. Era la quinta vez que tenía visitas de este tipo en casa debido a que mi problema según ellos era muy difícil de sobrellevar para unos ancianos que nunca se habían encontrado con algo así.

 
A los pocos días me citaron en el Salón del Reino. Asistían a la reunión dos ancianos, dos siervos ministeriales y el superintendente de zona. Cinco hombres delante mía interrogándome “amorosamente y con todo tacto” sobre mi vida sexual. Me hicieron saber que quizás yo tendría alguna desviación, que no era de buena cristiana no dar el débito conyugal cuando el marido lo requería, etc. Me hablaron de la condena a muerte en la que estaba metida por no perdonar a un hombre que no había cometido adulterio aún, pero que si lo cometía, era yo la culpable por inducirlo a ello, por no dejarle tener relaciones sexuales conmigo, etc.

 
Llegado un momento no sé cuándo de esta reunión en que ya no aguanté más, me levanté y alzando la voz le dije al superintendente que yo tenía mi propia dignidad, que no podía fingir con un hombre al que no amaba ni me amaba, que consideraba mi postura más justa y legal que la de mantener una situación hipócrita; que el cariño, el amor, no se puede forzar, obligar; que el mío estaba roto porque mi ex-marido lo había hecho pedazos con su falta de tacto y sus maltratos. Que una cosa era perdonar y otra fingir amor y dejarse ultrajar. Y que estaba segura de que si Dios me amaba no me podía pedir semejante monstruosidad para salvarme. Que si yo accedía a lo que ellos querían, estaba segura de que perdería la razón, de que me volvería loca.


El hermano superintendente se levantó algo ofuscado, estaba poco acostumbrado a que una mujer le levantara la voz, más bien pensó que me echaría a llorar en su presencia por lo excesivamente cargada de problemas que estaba y por la riña que me estaba echando. Entonces, alzando él la voz por encima de la mía, dijo textualmente: “¿Y qué?, ¿qué pasa si te vuelves loca? Simplemente te internaremos en un psiquiátrico, pero Dios te salvará de la destrucción eterna el día del Armagedón. De esta forma (sin mantener relaciones sexuales), te quedarás cuerda, seguirás tu vida, pero Dios te destruirá a ti y a tus hijas el día del Armagedón”.

 
Fueron las últimas palabras que escuché por boca de un Testigo de Jehová. Tuve una recaída de crisis nerviosa a cuenta de esta contundente reunión, pero cuando creía que todo mejoraría dejando la congregación, todo empeoró, vinieron entonces los desprecios.

Contaba con que me saliera, con que me quedaría sola, con que me darían todos la espalda, pero no contaba, no tenía ni idea de que además sería despreciada con tanto descaro y premeditación tanto yo como mis hijas.


Cuando dejas de ser testigo, todos aquellos que se confesaban tus incondicionales hermanos, dispuestos a dar la vida por ti, dejan de hablarte, de mirarte, no importa cómo estés en esos momentos, tampoco lo que necesites. Te tratan como a una verdadera apestada. Incluso si alguien descubre que tiene algo en su casa que es tuyo, te lo deja a la puerta de tu casa sin ni siquiera tocar el timbre.

Los hijos pequeños que eran hermanitos de mis hijas, empezaron a llamarlas satánicas, han llegado a escupir por el sitio donde mis hijas han pasado, les han negado apuntes y libros de clase, las han despreciado tanto en el colegio, que la directora tuvo que llamar a los padres testigos para pedir explicaciones por este comportamiento tan discriminatorio e inhumano, tan fanático en suma.

A raíz de todo esto, mi hija mayor estuvo en tratamiento psicológico y ha desarrollado una desconfianza hacia todas las personas, y tiene problemas de relación.

Mi hija mediana sufrió durante mucho tiempo pesadillas nocturnas porque Dios la iba a destruir abriendo la tierra y enterrándola viva (palabras textuales de sus antiguas amigas testigos).

La pequeña era demasiado chica cuando todo esto pasó, pero siempre me recrimina que maté la infancia de sus hermanas. No quiere ni oír hablar de Dios y sus castigos; de ese Dios justiciero de los testigos que tanto daño nos ha hecho a todas.

Sigo creyendo en Dios. De hecho le pedí ayuda, y gracias a El he podido salir adelante. Pero he visto que Dios no mora en ninguna organización. Que verdaderamente es un Dios de Amor y nadie debería de constituirse en intermediario suyo, en el intérprete de su palabra; porque todos estamos llenos de miserias y éstas las echamos sobre los demás cuando intentamos hacer algo tan complicado como interpretar y hacer cumplir las Escrituras.

Animo a todo el mundo que lea esta historia a que busque y viva su propia verdad con corazón humilde y sincero, puedo asegurarles que Dios no las dejará.

No hace falta que nadie pertenezca a una estructura de organización que aplasta y deja sin iniciativa y creatividad a las personas, convirtiéndonos con buenas palabras y buenas intenciones en auténticos borregos.

Testimonio sacado de Infosect nº 46.



viernes, 16 de marzo de 2018

MACHISMO EN LAS SECTAS

TESTIMONIO. EXPERIENCIA DE UNA MUJER CON LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ (III) (continúa la entrada anterior)

Parte de los comportamientos de los individuos dentro las sectas se refleja en la tercera parte de este testimonio.


En este tiempo pude ver las cosas con más realismo y no con tanto romanticismo como cuando entré. Comencé a observar las relaciones de los testigos: las mujeres son nulas, estaban idiotizadas, sumergidas y contentas en unos papeles de sumisión que a veces rayaban el ridículo, eran incapaces de vivir por ellas mismas: estaban sujetas al padre o al marido. Sin embargo, era un papel bastante cómodo, ya que en el hombre descansaba toda la responsabilidad y las consecuencias de las grandes decisiones.

Existía cantidad de solteras deseosas de que llegaran las Asambleas –a las que acudían estrenando vestidos, peluquería y complementos-, porque allí radicaba la única esperanza de cazar marido; ya que no les está permitido casarse con nadie de fuera y había tanta mujer en edad casamentera y tan poco hombre libre, que esto se llegó a considerar un verdadero problema.

He visto muchachas jovencísimas casándose con el único soltero de la congregación y después de no más de unos meses de relación por temor a caer en la tentación de actos impuros. Con el concepto de actos impuros califican el darse un beso o acariciarse cuando dos personas se quieren, pero no tienen firmado ningún contrato ante un juez.

He visto también a madres quitando de estudiar a sus hijas para librarlas del contacto con mundanos, hijas llorando porque quieren hacer una carrera o una diplomatura y no meterse en casa a limpiar y hacer comidas. Lo más que se les permite a las más rebeldes es hacer algo de puericultura, peluquería o esteticien, algo que las mantenga ocupadas hasta que llegue el hombre que las meta en casa para toda la vida y las carguen de hijos.

A los hijos varones se les quita de la cabeza la idea de hacer carrera, pero estos como están destinados a mantener a sus mujeres e hijos pues siempre se les anima a hacer alguna formación profesional: electricista, mecánico, etc. Normalmente todos son arrancados del colegio al terminar la primaria, aunque he visto profesores personarse en casa de padres testigos de Jehová para rogarles que dejen a sus hijos seguir estudiando porque pueden sacar provecho de cualquier vocación universitaria, y todo lo que han recibido como respuestas son esas sonrisas “sabias” que le hacen saber que es un agente de Satanás que viene a perder a sus hijos.

Las niñas especialmente son tronchadas de cualquier opción profesional para ponerlas a dar vueltas por las calles predicando la Biblia, ya que, como queda tan poco tiempo para el fin, les hacen saber que esto de predicar gratis es un privilegio para ellas, algo que no se repetirá jamás en la historia. Así han desperdiciado muchas desgraciadas su juventud. Si alguna joven a pesar de todo sigue estudiando, ésta está mal vista por toda la congregación, que la considera más interesada en las cuestiones materiales que en las espirituales. Esto hace que a lo largo de los años se haya creado una masa de mujeres bastante analfabetas, que solo son eruditas en la Biblia, pero que no están al día de nada de lo que ocurre alrededor, y están ancladas, sumisas, estáticas…, porque todo lo que no sea de la biblia procede de Satanás. Llegan a ser personas embrutecidas, con un solo punto de vista de las cosas y de las situaciones.

Vi también los chismorreos y rencillas subterráneas que se tenían los hermanos, las rivalidades entre las familias, familias con hijos que habían criado en su verdad, pero que los hijos no la tenían en el corazón y aguantaban por sus padres y por el miedo de no ser destruidos como en los días de Noé.

Vi también mujeres deprimidas porque sus maridos estaban opuestos a los testigos de Jehová y su unidad familiar se había roto.

Vi también hijos traumatizados en familias separadas a causa de la religión, de ver a su madre fanatizada y al padre opuesto, amargado y solo.

Vi también a ancianos que tenían a sus hermanos favoritos, esos que siempre contestan en los comentarios de la Atalaya, a los que les da las mejores asignaciones, los ejemplos de virtudes en la congregación.

Vi también a testigos de Jehová empresarios tener empleados a hermanos sin oficio ni beneficio, parados de la sociedad, casados y con hijos, pero pagándoles una miseria de sueldo mientras ellos se hacían cada vez más pudientes.

Fueron seis años, y sería muy largo de contar aquí lo que se esconde detrás de esos primeros días que llegas al salón y te ves inmersa en esa acogida de besos, apretones de manos y bienvenidas con sonrisas de anuncios.


Video Víctimas de la Watchtower 

Video Víctimas de la secta Osho

Humana-ong-secta-criminal-transnacional



viernes, 9 de febrero de 2018

Violencia de género en las sectas (IV)

TESTIMONIO. EXPERIENCIA DE UNA MUJER CON LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ (II) (continúa la entrada anterior)

Había llegado la sentencia del juez dándome a mí la custodia de las niñas, obligando a mi marido a pagar una multa y a pasar una pensión alimenticia a mis hijas.

En medio de todo, a mi marido, que ya no vivía con nosotras, pero que buscaba todas las oportunidades para hacerse notar y hacernos la vida imposible, no se le ocurre otra cosa que ir a la congregación y pedir un estudio bíblico. Un testigo comienza a ir regularmente a su casa, a pesar de mis advertencias de que este hombre pretende hacerme daño. Bajo la excusa de que a nadie se le puede negar la enseñanza de la Biblia, y de que Dios puede estar moviendo las cosas para que él cambie y volvamos a vivir juntos, el padre de mis hijos comienza a estudiar. ¡Con el tiempo comienza a predicar de casa en casa y no se pierde una reunión!

Se hace el mártir de la situación, va contando a todos cuánto me quiere, cuánto me echa de menos. Las hijas se ven en una situación confusa, humillante. Ya las recoge él mismo de casa para llevarlas a predicar, para ayudarlas en sus estudios de La Atalaya, para llevarlas a la Asamblea porque él tiene coche y yo no. Dice a todos estar arrepentido de la mala vida que me dio, que me quiere, que quiere volver con sus hijas.

La situación se hace tan atípica, que los ancianos y siervos ministeriales no entienden cómo una cristiana como yo no puede perdonar a un hombre tan arrepentido y que ni siquiera ha cometido adulterio.

Se empiezan a crear murmullos en la congregación. Me designan dos hermanas maduras y mayores, casi abuelas, para que me aconsejen y me guíen en el tema; dicen que soy muy joven, muy inexperta. Estas mujeres están prácticamente todo el día metidas en mi casa, contándome historias, "instruyéndome en la vida familiar", en cómo debo hacer las cosas, en cómo debo debo perdonar y reconstruir... Si no, Dios eliminará hasta a mis hijas de la faz de la tierra por el pecado de que su madre no perdonó a su padre..., que ni siquiera había mantenido relaciones sexuales con otra mujer.

Hay que aclarar que los testigos sólo admiten como motivo de separación el que uno de los dos haya mantenido relaciones fuera del matrimonio. De lo contrario, aunque tu marido te mate, has de aguantarlo toda la vida. ¡Y un marido puede matar a una mujer de muchas formas! No tiene por qué ser tan sólo físicamente. Las que hayan pasado por esto son las únicas mujeres que lo comprenderán.

Esta situación duró muchos meses, creí que me volvería loca, pues ya comenzaba a notar síntomas de debilitamiento mental. Tuve que darme de baja laboralmente.

Comencé a resquebrajarme cuando vi que hombres y mujeres de la congregación estaban todos de parte del padre de mis hijas. Éste venía a veces a casa llorando y acompañado de los ancianos que me decían cuánto sufría este hombre, "este buen hombre" por un corazón tan duro como el mío. Me sacaban alrededor de 20 textos bíblicos cada vez, para demostrarme lo mala cristiana que estaba siendo. Me dijeron que yo no era apta para el paraíso, si no perdonaba a mi ex-marido.

En uno de esos momentos de debilidad acepté que volviera a casa. Quería darle la oportunidad de que nos salváramos todos en familia, hacer una prueba de convivencia, pero puse una condición: él por lo pronto dormiría en una habitación y yo en otra. Esto no le pareció muy bien, pero los ancianos le insistieron en que aprovechara esta oportunidad, que yo necesitaba tiempo para adaptarme a la nueva situación. Además, yo le estaba negando la posibilidad de vivir para siempre en el paraíso, porque él había renunciado a bautizarse, si no lo acogía de nuevo.

Bien, él se bautizó y se hizo "precursor", pero siguió maltratándome física y verbalmente e intentando forzarme todas las noches a que durmiera con él. Hice saber esto a los ancianos y me respondieron que es muy duro para un hombre vivir sin relaciones sexuales, que esos impulsos eran naturales, que yo debía de comprender la naturaleza masculina, etc., etc.

Mientras tanto, ellos le animarían dándole privilegios en la congregación para que se sintiera más integrado y ocupado. Así, mientras mi marido me humillaba y me maltrataba, y los ancianos conocían esta situación, él daba asignaciones en la plataforma. Mientras mi ex-marido se emborrachaba y se gastaba el dinero, mientras yo trabajaba y él holgazaneaba, dejaron que siguiera de "precursor".

Como yo no paraba de denunciar delante de los ancianos su comportamiento, comenzaron a recriminarme a mí por no ser una esposa sumisa, ¡y lo hicieron "siervo ministerial"! La doble personalidad de mi ex-marido estaba dando sus frutos.

también abusos a menores 

encubrimiento de los casos 

"Es un círculo vicioso: quien te hace daño se encarga de tu justicia y te ofrece apoyo. Es traumático."

la justicia paralela de los Testigos de Jehová 


viernes, 22 de diciembre de 2017

VIOLENCIA DE GÉNERO EN LAS SECTAS (III)


TESTIMONIO. EXPERIENCIA DE UNA MUJER CON LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ.

Mi historia con los Testigos de Jehová comienza cuando estaba en trámites legales de separación matrimonial a causa de la embriaguez y los malos tratos de mi marido. Me cogieron en una época bastante baja de moral, una de las peores épocas de mi vida.
 
Fue por ese motivo que les abrí las puertas de mi casa, de mi corazón: porque me encontraba tan mal, que hablar de Dios me reconfortaba, y ellos –que están especialmente entrenados para este tipo de situaciones- supieron entrar en mi vulnerabilidad, meterse en mi problema y trastocar toda mi vida, constituyendo el tiempo que pasé con ellos una huella imborrable en mi carácter, en mi relación con familiares y amigos, en mi profesión; unos verdaderos tentáculos que se apoderaron de mí, de mi estado depresivo para captarme y desmoronarme más de lo que estaba, haciéndome un ser nulo en la sociedad y ante mí misma.

 
Al principio fue muy bien: esas amplias sonrisas de cuando entras en el Salón del Reino, esos besos de hermanas dándote la bienvenida, esos estrechamientos de manos de hermanos que te miran como a una hija, como a una futura hermana… Es lo que reconforta a todas las que como yo (que me consta han sido muchas) llegamos llenas de carencias emocionales. Llegas a creer que son gentes especiales.

 
Llegué a ser una testigo de Jehová ejemplar: “precursora” todo el año. No vivía más que para predicar y para condenar a todos los que no estuvieran cumpliendo los preceptos bíblicos.

 
Tuve que dejar a mis amigos de antes, porque, según los ancianos, eran todos mundanos y podrían ser mi perdición. Perdí amigos de años, verdaderos compañeros de trabajo, vecinos incondicionales, e incluso amigos de la infancia, de mi barrio. Eran simplemente personas normales, algunos hasta idealistas metidos en organizaciones de solidaridad con países del tercer mundo; quiero decir que eran padres y madres de familia como yo, trabajadores y honrados, pero había que dejarlos porque no pertenecían a la congregación, y no estaba bien visto que una testigo de Jehová se juntara con gente del mundo. Cambié a todas estas personas, las saqué de mi vida y las sustituí por mi nueva familia: los testigos cristianos de Jehová.

 
Mi nueva familia era ahora lo primero, y según me decían, por quien tendría que estar dispuesta a dar la vida en situaciones difíciles.

 
Mis padres y mis hermanos también eran considerados agentes de Satanás porque eran de otra religión y no estaban dispuestos a cambiarla por la mía. Les hice mucho sufrir, mis padres especialmente se sintieron muy ofendidos y abandonados debido a mi comportamiento fanático como testigo de Jehová.

 

Mi única familia de sangre eran mis tres hijas pequeñinas, pero eso sí, mientras eran pequeñitas, ya que si de mayores no elegían bautizarse como testigos, pues tampoco serían mi familia. Tendría entonces que tratarlas con mano dura para que se sintieran solas y volvieran al redil. Por lo tanto, a mis hijas también las metí en la secta, por el miedo que me daba el hecho de que llegara la destrucción de Dios y ellas tres no se salvaran.
 
Esta idea que ellos sembraron en mí caló muy hondo, así que comencé a llevarlas a predicar, a darles estudios bíblicos y a que aguantaran interminables reuniones semanales sentadas en una silla y sin moverse. Comprobé que era más la angustia lo que movía a que aprendieran y aceptaran la Biblia, la angustia de que no fueran destruidas, y no la libertad de enseñanza, no el darles la oportunidad de que aprendieran para que ellas de mayores eligieran el lugar, las ideas que las harían felices.

 

En el Salón del Reino todos los niños pequeños deben estar sin hacer el mínimo ruido, el niño que habla fuerte o se porta mal lo llevan a un cuartito y los propios padres les pegan o los castigan duramente. Más tarde me enteré de que había críos mayores que se orinaban por las noches en la cama y padecían depresiones infantiles. No es de extrañar esta respuesta del cuerpo y de la mente de los niños cuando desde pequeñitos se les viste como a viejos: corbatas, chaquetas… y además se les exige un comportamiento que no es propio de su edad.
 
A veces los ancianos me llamaban la atención porque mis dos hijas mayores se quedaban dormidas durante el estudio de la Atalaya. Me decían que tenía que hacerlas interesarse por las reuniones. Muchas fueron las riñas que tuve con ellas por este motivo, llegando incluso a darles en la cabeza cada vez que se les cerraban los ojos. Esto más tarde vi que lo hacían también los nuevos que llegaban con sus hijos.

 
El Salón del Reino es tan sagrado, que hasta los niños han de comportarse como auténticos mayores, siendo alabados los padres de los niños que así se comportan. Normalmente son niños a los que se les roba lo mejor de la infancia, y que de mayores aguantan dentro de la congregación por no disgustar a sus padres; y otra gran parte acaba marchándose, pero llenos de culpas y de pesos impuestos.


testigos-de-jehova y abusos-a-menores

compensación a una niña que sufrió abusos 




viernes, 24 de noviembre de 2017

ELYSIUM

¿De dónde vienen los programas de televisión como "Amor en pelotas"? Todo viene planificado con alevosía desde tiempo atrás.

Durante los años 1967 y 1968, se sucedieron los encuentros BE-INS de San Francisco y Los Ángeles y de la llegada de miles de jóvenes a Haight-Ashbury en busca de paz, amor y buenas personas. El Morning Star Ranch albergaba a muchas personas. La prensa desencadenó una petición local de que se cerrara este campamento, donde las redadas policiales eran continuas. En una llegaron a coger a la estrella del ballet clásico Rudolf Nureyev y a su pareja Margot Fonteyn.

El delincuente Charlie Manson en la cárcel estudió cienciología y aprendió a tocar la guitarra. Se volvió un fanático de los Beatles y creía que en el "White Album" de éstos había mensajes sólo para él. Al salir de la cárcel, fue directo a Haight-Ashbury, donde el ambiente era su ambiente. Había en Haight-Ashbury muchos gurús que se autoproclamaban. Charles Manson no iba a ser menos. No les costaba nada encontrar adeptos, pues las calles estaban llenas de fugitivos que venían de familias rotas, que buscaban amor y atención. Reunió a un grupo de seguidoras, e igual que los hippies consideraba a las mujeres inferiores a los hombres; ellas sólo eran útiles para el placer y los hijos. Después ocurrió el hecho fatal de la secta de Charles Manson. El sadismo de su crimen aberrante lo llevó a la cárcel. Y en tantos años de cárcel no se ha arrepentido.

En esos años, también proliferaron miles de comunas, consagradas a distintos ideales, poligamia, religión, sectas de supervivencia, agricultura, etc. Había muchas en las montañas de Santa Mónica.

En Topanga Canyon, junto al parque estatal, estaba la colonia nudista de Ed Lange ELYSIUM FIELDS, que ocupaba tres hectáreas. Había muchas sociedades nudistas en el sur de California, pero Elysium Fields, fundada en 1960, estaba dedicada únicamente a expandir la revolución sexual. Por eso publicaba la revista Sundial y en 1968 la sustituyó por la revista Sundisk pues, según Ed Lange, ya no era necesario publicar propaganda nudista. Había cientos de clubs nudistas en Estados Unidos porque la idea había calado en la gente. Lo que hacía falta entonces era Sundisk, una revista que representara a las "minorías eróticas" y que, además de las fotos llamativas, tuviera artículos sobre la liberación sexual. El LSD llegó a quedar prohibido,fuera de la ley. Pero esta liberación sexual de los hippies, también defendida por la Sexual Freedom League, era lo que las autoridades y el poder establecido veían con peores ojos.

Sin embargo, la censura desapareció primero de los libros; después las revistas y las películas empezaron a mostrar fotos sexuales explícitas, hasta que en 1972 entró el cine pornográfico duro en los cines convencionales de Estados Unidos. Y en el cine, en el Hollywood más convencional, entró también la filosofía y la imaginería "underground" y hippie: las revueltas sociales, raciales, el LSD, las alucinaciones, la vida bohemia, los adolescentes problemáticos, Jack Nicholson, los ángeles del infierno, la India, la vida alternativa, etc.

En Elysium Fields se permitía, a diferencia de las colonias nudistas de la antigua American Association for Nude Recreation, que las parejas se abrazaran, que fueran del mismo sexo, que hubiera talleres para aprender masajes. En Elysium Fields había saunas, un jacuzzi y salas de meditación, que en la práctica se utilizan más como picadero para las orgías que con fines contemplativos. Contradictorio. Una vez se llegaron a reunir hasta 100 personas en una de esas salas.

El movimiento nudista continúa incluso con sus comisarios en España cuando la alcaldesa Carmena o sus predecesores del PP (Gallardón entre ellos) de Madrid permitieron un día de nudismo en una piscina pública madrileña. Los comisarios de una Asociación nudista fueron a ver cómo de bien se cumplía lo solicitado.

Pero esto es anecdótico. Lo preocupante es que la película de Neill Blonkamp ELYSIUM pone un paraíso de buena vida, placer y de hedonismo en la estratosfera para unos pocos (la oligarquía de este mundo), mientras la mayor parte de la humanidad sufre de todas las carencias en la tierra, después de que esa misma oligarquía ha esquilmado todos los recursos. Contradictorio. Inaceptable.

viernes, 29 de septiembre de 2017

EL PAPEL DE LOS PADRES EN LAS SECTAS

Los padres tienen una grave responsabilidad al no presentar denuncias judiciales y limitarse a ser testigos pasivos de cómo se pisotean los derechos de hijos (de sus propios hijos) y padres dentro de las sectas. 

Habitualmente, las sectas no respetan el papel de los padres, que sólo son intermediarios que se ocupan de que los hijos obedezcan la voluntad del líder. En muchos grupos sectarios que tienen como base la Biblia tampoco se fomenta el respeto a los padres como podría esperarse. Antes bien, el líder se coloca a sí mismo como un guardabarrera entre los padres y su Dios.

Los padres deben conseguir que los hijos se sometan a ellos y a los dictados del líder para demostrar que ellos mismos se someten al líder, que se convierte en la única persona a la que se debe brindar gran respeto, obediencia y veneración. Si hay funcionarios de alto nivel en el grupo sectario, también se les debe obedecer, pero en realidad no son más que herramientas del líder. Además, en muchos grupos sectarios, en especial los psicoterapéuticos y los que se basan en la Biblia, la dedicación de los padres se mide por la disposición a abusar de los hijos a solicitud del líder. Se les enseña que el líder es el único camino al esclarecimiento, a Dios, a la salud mental o a la corrección política, y que a menos que sus hijos se sometan a ellos, y ellos al líder, no podrán alcanzar el resultado prometido.

"Nos enseñaban que no debemos apegarnos a nuestros propios hijos", escribió una madre que describía sus tres años en la Iglesia de la Unificación. Ella mencionó sentir una "tremenda culpa por considerar siquiera el bienestar de los niños."

En algunos grupos, los padres que prestan la más leve atención o pensamiento a sus hijos pueden ser atacados verbalmente y castigados de otras maneras por "malcriarlos", según la secta. Pero como escribió esa misma madre: "¿Cómo se podía malcriar a una niña que estaba en situación de carencia emocional casi completa, una niña que nunca sabía cuándo vería a su madre, una niña que, sin ninguna coherencia aparente y según quién la cuidara de momento, recibía una disciplina nula o de gran severidad?"

Una abuela visitó a sus parientes en un grupo sectario de estilo de vida que tiene ramificaciones en todo el mundo y que ha sido el tema de informes publicados de abusos y otras costumbres sectarias, como separar a los hijos de los padres. Mientras la abuela estaba de visita, le preguntó a su nieto si había una sala donde los niños pudieran jugar y leer libros. El niño no pareció saber la respuesta y contestó: "Debo tener un estúpido. Pregúntales a los estúpidos", refiriéndose a sus padres.

Otro grupo de abuelos comentó a la doctora en psicología clínica y experta en sectas Margaret Thaler Singer que el líder David Koresh (de la fatal secta de Waco) había enseñado a los niños pequeños a referirse a sus padres como a los "perros". En los dos casos, los abuelos entendieron que los niños no captaban el grado de escarnio y de extravagancia de llamar "estúpidos" o "perros" a sus propios padres.

Aunque los padres estén en el mismo edificio que sus hijos, los deberes y las reuniones del grupo sectario ocupan tanto tiempo, que después disponen de poco para acompañar a sus propios hijos. Además, las acciones del líder suscitan ira y frustración en los padres, pero, como se atreven a expresar esa ira hacia el líder, cuando ven a sus hijos a menudo la descargan contra ellos.

Cuando uno de los padres abandona el grupo y el otro permanece, al padre ausente se lo denomina "satánico" u otros términos despectivos, y se desalienta al niño en cuanto a tener alguna relación con ese padre. Cuando los niños ven al padre que ya no forma parte del grupo sectario, pueden sentirse profundamente incómodos y temer el castigo o la marginación al volver al ambiente del grupo. Esto les causa un estrés innecesario.

Los padres integrados en grupos sectarios entregan la custodia de sus hijos a terceros, de modo que el líder o el grupo se convierten en custodios reales de los niños. Así que los pequeños pueden vivir con adultos que no son sus padres o ser enviados a sedes regidas por el grupo en otros Estados o países. Algunos grupos (como los sullivanianos, un grupo psicoterapéutico-político iniciado por Saul Newton) proclaman abiertamente que se debe destruir la familia, que los niños deben ser criados por el grupo, sin vínculos especiales con sus padres. En el grupo de Saul Newton, los sullivanianos adultos no debían conversar con sus propios padres.

El ambiente de "reforma del pensamiento" y las ideas totalitarias que se encuentran en los grupos sectarios tienen un papel importante en cuanto a influir sobre los padres para que se mantengan al margen mientras sus hijos y otros son objeto de abusos graves y a veces hasta asesinados ante sus propios ojos.

En estas situaciones confluyen diversos factores. Hay una interacción entre la ideología del grupo y el papel autoritario del líder que tiene un impacto particular sobre el pensamiento y la conducta de los padres. Mediante el control del sistema y del entorno sociales, el ideólogo autoritario puede obtener la sumisión y la obediencia de los padres. La ideología compartida por el grupo es un conjunto de convicciones con una fuerte carga emotiva sobre la humanidad y la relación con el mundo.

Una vez que los padres han hecho compromisos explícitos de seguir la ideología de un líder concreto, entonces la psicología social nos dice que su declaración abierta consolida e incrementa la probabilidad de que cumplan cualquier conducta que se espere de ellos, incluso conductas opuestas a las que tenían antes. Los padres, como los otros miembros de la secta, asumen "nuevas, pero falsas personalidades" causadas por la instrucción en el grupo y los procesos de "reforma del pensamiento".



viernes, 28 de julio de 2017

LA SECTA DE LOS HIPPIES

Muchos creen que el movimiento hippie y la contracultura es algo que quedó en el pasado, pero se equivocan. El "programa" de la contracultura hippie ha sido llevado concienzudamente, ahora continúa en vigor y se ven ya sus desastrosas consecuencias (con las drogas de último diseño como el éxtasis y las fiestas nocturnas como la del Madrid Arena, 1 de noviembre de 2012). 

Es muy sospechoso el carácter supuestamente revolucionario de la cultura psicodélica cuando hubo publicaciones tan reaccionarias como Life y Time que prestaron una atención tan clamorosa a la psicodelia desde 1957.

Hacia 1955 los servicios de inteligencia de Estados Unidos (CIA) y de sus países aliados comenzaron a experimentar con el alucinógeno LSD con el fin de investigar el potencial del LSD para controlar la sociedad. Actualmente se sabe que se fabricaron y distribuyeron millones de dosis de dicha sustancia bajo los auspicios de la CIA. El LSD se convirtió en la droga elegida dentro de la propia agencia, se introdujo poco a poco en el mundo académico y de ahí pasó a la sociedad.

Gregory Batesson, veterano de la División de Investigación de la OSS, enganchó al poeta 'beat' Allen Ginsberg para experimentar los efectos de la droga que la Marina de Estados Unidos llevaba a cabo en Palo Alto, California. También el novelista Ken Kesey y los miembros originales del grupo de rock Grateful Dead abrieron las puertas de la percepción por cortesía de la Marina estadounidense. (Michael Minnicino, "The Frankfurt School and Political Correctness", Fidelio, invierno,1992)

Existe un memorándum interno del FBI de 1968 donde se menciona que se empleó al grupo rock Grateful Dead para canalizar la protesta y la rebeldía de la juventud hacia direcciones más benignas e inofensivas. Prestaron un servicio importante a la oligarquía al desviar a muchos jóvenes hacia la droga y el misticismo en vez de hacia la política. (Jim Keith, Mind Control World Control, Adventures Unlimited Press, 1977)

Gregory Bateson aplicó las ideas de Las puertas de la percepción de Aldous Huxley, primer manifiesto de la psicodelia. Bateson, como director de una clínica que experimentaba con drogas alucinógenas en el Hospital de la Administración para Veteranos de Palo Alto, programó el cuadro inicial de la secta del LSD conocida como la secta de los hippies.

Bateson creó un núcleo de iniciados del culto psicodélico. La persona más influyente de las que reclutó en Palo Alto fue Ken Kesey, a quien administró la primera dosis de LSD en 1959. Para 1962 Ken Kesey había terminado su novela Alguien voló sobre el nido del cuco, que popularizó las ideas de que la sociedad es una prisión y de que las únicas personas verdaderamente libres son los locos. A continuación, Ken Kesey organizó un grupo de iniciados del LSD denominado "The Merry Prankters".

Recorrieron el país repartiendo LSD, construyendo una red de contactos para su distribución y haciendo publicidad a favor de la incipiente "contracultura". Ya para 1967 la secta de Ken Kesey había distribuido tales cantidades de LSD, que había un gran grupo social de personas habituadas a las drogas y llamadas "hijos de las flores", fundamentalmente en San Francisco, donde instaló Gregory Bateson una clínica gratuita. (Michael Minnicino, The Campaigner, abril, 1974)

En 1964 Ken Kesey compró un autobús antiguo. Él y sus amigos se empeñaron en convertirlo en "el autobús", donde todo era un 'happening' continuo, todo era grabado como en un 'reality show'. Pintaron el vehículo de forma estrambótica, llamativa. Ken Kesey y loa Prankters emprendieron la ruta para descubrir América y someterla a su particular 'Acid Test'. Catorce personas se montaron en el autobús, la mayoría Prankters empedernidos que veían todo el montaje como una obra de arte en sí misma. Se decía que la película que se filmaría durante el viaje era lo que le daba sentido.

El conductor del autobús solía ser Neal Cassady, quien llevaba un micrófono colgado del techo que le permitía mantener un monólogo inspirado por las anfetaminas. Ken Kesey se sentaba en el techo, se envolvía con las barras y las estrellas de la bandera norteamericana, y leía cómics del capitán América, mientras los altavoces acoplados al techo atronaban con música rythm and blues y soul. La ruta que siguieron fue al sur, a Arizona, donde tuvieron su primera experiencia en grupo con LSD; pasaron por Phoenix y fueron a Houston, entraron en Nueva Orléans y siguieron hasta Nueva York. Tuvieron un encuentro con el gurú del ácido en la costa este, Timothy Leary; fue una visita decepcionante pues Kesey y Leary eran personalidades dispares. Neal Cassady volvió antes al Oeste. A fines de agosto de 1964 The Merry Prankters volvieron al campamento base y el número de los miembros de la secta aumentaba día tras día.

En febrero de 1965 los agentes antinarcóticos hicieron una redada en casa de Augustus Owsley Stanley III en Berkeley (California) y le acusaron de haber montado un laboratorio de metedrina. Si todo Berkeley estaba hasta las cejas de speed, en gran parte era obra de Owsley. Después de dos meses regresó a Berkeley con una potente dosis de LSD.

Todos los sábados había una fiesta en La Honda que Kesey y los Prankters preparaban durante la semana. Cables, micrófonos, altavoces, sistemas de grabación y mezcla de sonido, esculturas, anfiteatro, iluminación compleja, todo estaba pensado para sorprender y confundir. Los Prankters corrían de un sitio a otro con la cara pintada y las banderas de Estados Unidos o gafas de bucear. Echaban ácido LSD en todo. La policía sólo podía cachear y registrar los coches de los asistentes cuando salían, pero ocurrió una redada el 24 de abril de 1965 cuando 18 agentes registraron en busca de marihuana. Descubrieron a Ken Kesey cuando trataba de tirarla por el retrete. Él y catorce Prankters fueron detenidos, acusados de posesión de marihuana y Kesey fue inculpado de resistencia a la autoridad y de dirigir un recinto donde se vendía marihuana.

El primer Acid Test se celebró el 27 de noviembre de 1965 en el rancho The Spread, propiedad de Ken Babbs próxima a Santa Cruz. Allí Jerry García y Phil Lesh de The Warlocks habían merodeado y querían montar un show multimedia. Ken Babbs aceptó. Allen Ginsberg tarareó mantras hindúes y budistas. Neal Cassady improvisó una charla a micrófono abierto. Owsley proporcionó LSD (puras Sandoz en cápsulas rojas arrugadas) y The Warlocks, que luego se convertirían en The Grateful Dead, tocaron. Duró hasta el amanecer y todos se divirtieron.

El 4 de diciembre se celebró el segundo Acid Test. Los Prankters repartieron panfletos, donde daban la dirección de la fiesta, cuando los Rolling Stones tocaron en el Auditorium de San José. Entre 300 y 400 personas se apuntaron al Acid Test, y The Warlocks tocó hasta que la policía llegó y empezó a mandar a todo el mundo a casa. 

Hubo un tercer y un cuarto Acid Tests, donde se llegaron a ver fragmentos de la película del autobús de los Prankters. En el último, Ken Kesey no se divirtió mucho y anunció a los Prankters que los AcidTests se habían terminado, se les estaban yendo de las manos y había demasiadas malas vibraciones. Pero nadie le hizo caso y todos siguieron preparando la siguiente fiesta.

 En 1966, el 8 de enero hubo otro nuevo Acid Test en el Fillmore Auditorium. Hubo 2 400 personas. Ken Kesey y los Prankters en un extremo y The Grateful Dead en el otro. En el centro, una bañera hinchable llena de ponche mezclado con LSD.

Stewart Brand, uno de los organizadores de los Acid Test, preparó el Trips Festival como una fiesta loca de tres noches. Invitó a Ken Kesey y los Prankters a tocar la segunda noche. Pero entonces tuvo lugar el segundo arresto de Ken Kesey por la policía, y Ken Kesey fue sentenciado a estar tres años en la cárcel del Estado.

Para entonces muchos hippies vendían marihuana; en seguida hubo un buen número de traficantes profesionales. Nicholas von Hoffmann (en el Washington Post, en octubre 1967) llegaba a la desagradable conclusión de que, independientemente de lo que ellos creen ser, los hippies constituyen en realidad "la mayor historia criminal desde la Prohibición". Las comunidades hippies se fueron convirtiendo en un mercado dominado cada vez más por intereses bastardos a los que no les interesaba la libre expansión de la conciencia, sino el puro negocio y la política de adormecer a las personas y a enormes grupos de población. Como la secta Osho.

Un ejemplo de cómo las dimensiones de la conciencia expandida se adaptan a las versiones "más comerciales" de la prensa "underground" es el número de octubre de 1967 de la revista californiana Oracle: el arte oficial y vigente en cualquiera de sus formas es psicodélico; la entrevista al gurú Timothy Leary trata sobre el único tema del LSD (el contenido es superficial y falso, pero el tono es pontificial y ofrece todas las frases consagradas); luego viene un artículo de fondo de un ecólogo-filósofo sobre sus visiones de paraíso con el LSD; otra entrevista a una rockera se titula "cómo me drogo"; un capítulo sobre 'vida en éxtasis' bajo patrocinio de la Sandoz Company, fabricantes de LSD-25; y por último un artículo científico sobre cómo no coger una hepatitis con tantos pinchazos, con tono hip, pero de tercera mano.