martes, 23 de junio de 2015

LA PERSONALIDAD DE LOS LÍDERES DE SECTAS

Todas las sectas, especialmente las destructivas, tienen un director, un personaje con carisma de salvador, con cierto encanto personal y gran atractivo. Los psiquiatras lo llaman "paranoico expansivo", que se convierte en el dueño de cuerpo y alma del adepto, y de su dinero y el de su familia, si es posible. Los que dirigen las sectas suelen ser decididos y dominantes y son descritos como si tuvieran carisma. Necesitan poseer suficiente impulso personal, encanto u otro poder seductor para atraer, controlar y manejar a su grey. Persuaden a los devotos para que abandonen la familia, el empleo, la carrera, los amigos y lo sigan. De manera abierta o encubierta, en la mayor parte de los casos terminan por tomar el control de los bienes, el dinero y la vida de sus seguidores.

Freud pensaba que los delirios paranoicos se basan en deseos o temores, y los principales son el de ser perseguido, el de injusticia, el de tipo sexual y el delirio de grandeza. El doctor Vallejo-Nájera define la paranoia como enfermedad mental caracterizada por la presencia de un delirio crónico, sistematizado, irrebatible a los argumentos lógicos, que aparece como consecuencia de una predisposición constitucional; se relaciona con las videncias del sujeto. Mientras no se le haga presente el tema del delirio, el sujeto conserva entera su inteligencia, su memoria, lucidez de conciencia, capacidad de juicio y raciocinio.

El dirigente suele estar sometido a tendencias impulsivas sadomasoquistas que utiliza para evadirse de la angustia del aislamiento, la insignificancia y la impotencia que lo atenaza, es lo que dice Pepe Rodríguez, investigador de las sectas. El sadismo hace depender a esos dirigentes sectarios de sus 'dominados' para sobrevivir. El impulso masoquista, por otra parte, aporta seguridad por el mecanismo de haber disuelto el yo: al disolver la propia personalidad en una entidad superior no bien comprendida (Dios, conciencia, etc,), cree participar de su gloria y su fortaleza; se transforma, con ello, en parte de un poder inamovible y fascinador.

Otro rasgo caracterizador de los dirigentes sectarios es que padecen de un "narcisismo maligno". Se dejan llevar por un sentimiento extremo de ampulosidad, crueldad sádica, sospechas paranoicas y una carencia total de sentido de culpabilidad. Su ampulosidad llega a la arrogancia y se asienta en su profunda creencia de estar destinados a algo especial que los aparta de los seres humanos comunes. Esa ampulosidad toma un cariz maligno cuando se une con la idea firme de que la agresividad está permitida para conseguir los objetivos fijados. Los psiquiatras dicen que los narcisistas malignos disfrutan al herir a los otros y sufren de continuas sospechas, se ven como perseguidos, adjudican su propia crueldad a sus enemigos. En suma, carecen de toda conciencia o sentido moral, por lo cual mienten y explotan a otros sin remordimiento alguno. Los dirigentes sectarios son, por tanto, personas autodesignadas y persuasivas que afirman tener una tarea especial en la vida o poseer un conocimiento especial. Centran la veneración en su persona; mantienen el foco del amor, la devoción y la lealtad en sí mismos. En muchas sectas, por ejemplo, a los miembros de un matrimonio se les obliga a separarse o a los padres se los obliga a ceder a sus hijos como prueba de su devoción al líder.

El cabecilla sectario maneja con mayor facilidad a un individuo, si este se agrupa. En una multitud, como observaron Gustave Le Bon y Sigmund Freud, desaparece la personalidad de cada uno de los que la integran. Los individuos de una multitud necesitan sentir que el jefe los ama a todos con un amor justo y equitativo; en ellos la afectividad se intensifica y queda limitada su actividad intelectual, cultural.

En Argentina, a mediados del decenio de 1990, la Justicia ordenó a unos psiquiatras hacer un peritaje sobre Juan Unger, dirigente de la secta "Las 8 Reinas", el cual, como profesor de bioenergía, fue formando grupos pequeños a los que pudo controlar, y, al observar que su poder aumentaba y se debilitaba la voluntad de los otros, fue intensificando su dominio; para ello contaba con ayudantes fieles que se beneficiaban en detrimento de los nuevos adeptos.

En el informe de los psiquiatras sobre la personalidad de Juan Unger se dice que tuvo una actitud de histrionismo donde era evidente la necesidad de controlar y manejar las entrevistas. Cuando creyó haber seducido al interlocutor, exhibió contenidos delirantes. Fantaseó con poseer un poder ilimitado, y lo asoció con necesidades reivindicatorias ancestrales y con proyectos de ser presidente nacional y de creencias de ser depositario de dones divinos o sobrenaturales. Sus componentes perversos constituyen un 'secuestro' en el desarrollo de su existencia dentro del cual satisface su quimera de poder ilimitado.

Una secta es el espejo del interior del líder. Éste no tiene restricciones, puede dar vida a sus fantasías y deseos en el mundo que crea alrededor. Como no se permiten críticas, cuando al fin consigue que los seguidores sean lo bastante obedientes, puede hacer uso de su poder y conseguir que los miembros ejecuten los actos que él indica, aunque sean actos extravagantes y peligrosos.

Las sectas tienen una estructura autoritaria, donde el líder es considerado la autoridad suprema, aunque puede delegar cierto poder en unos pocos subordinados con el fin de asegurarse de que los miembros se sumen a sus deseos y reglas. No hay ninguna apelación, fuera del sistema del líder, a sistemas de justicia superiores. Por ejemplo, si un maestro de escuela se siente tratado injustamente por un director, puede apelar a otra autoridad. En una secta, el líder tiene la decisión única y final sobre todos los asuntos.

Los líderes de sectas afirman que rompen con la tradición, que ofrecen algo innovador y que ofrecen un sistema único, exclusivo, para solucionar los problemas de la vida o los males del mundo. Casi todas las sectas afirman que sus miembros van a ser "elegidos", o que son "selectos", mientras que los que no son miembros son considerados seres inferiores.

Las sectas suelen poseer un sistema ético doble. Se insta a los miembros a ser abiertos y honestos dentro del grupo y a confesar todo al líder. Al mismo tiempo, se los alienta a engañar y manipular a los que no son miembros. La filosofía dominante en las sectas es que los fines justifican los medios, una visión que les permite establecer su propio estilo de moralidad, fuera de los límites sociales normales.

Bibliografía
A. Silleta, Cuando el Paraíso es un infierno, 1992


http://victimasectas.com/LiderSectario.html

http://zarauste.blogspot.com.es/2016/12/personalidad-de-los-lideres-de-sectas-3.html